Terça-feira, 7 de Janeiro de 2014

Nas horas que me pertencem

No. La forma poética no está llamada a desaparecerer antes bien a extenderse, a modificarse, a seguir su desenvolvimiento en el eterno ritmo de los siglos. Podrá, no haber poetas, pero siempre habrá poesia, dijo uno de los puros. Siempre habrá poesia y siempre habrá poetas. Lo que siempre faltará será la abundancia de los comprendedores, porque, como excelentemente lo dice el  Señor de Montaigne, y Azorín mi amigo puede certificarlo, «nous avons bien plus de poètes que de juges et interprètes de poésie; il est plus aysé de la faire quedai la cognoistre» 6. Y agrega: «A. certaine mesure basse, on la  peult juger par les préceptes et par art: mais Ia bonne, la suprème, la divine, est au desus dês règles et de Ia raison»

Quizá porque entre nosotros no es frecuentemente servida la divina, la buena, la suprema, se usa, por lo general, la mesure basse. Mas no hace sino aumentar el gusto por los conceptos métricos. La alegria tradicional tiene sus representantes en regocijados versifícadores, en casi todos los diários. El órgano serio y grave, el Temps madrileño, tiene en su crítico autorizado, en su Gaston Deschamp, vamos al decir, un espíritu jovial que, a pesar de sus tareas trascendentales, no desdeña los entretenimientos de la parodia.

Quedamos, pues, en que la hermandad de los poetas no ha decaído, y aun pudiera renovar algún trecenazgo. Asuntos estéticos acaloran las simpatias y Ias antipatías. Las violencias o las injusticias provocan naturales reacciones. Los más absurdos propósitos se confunden con generosas campañas de ideas. Mucha parte del público no sabe de lo que se trata, pues los encargados de informarla no desean en su mayoría, informarse a si mismos. El diletantismo de otros es poco eficaz en la mediocracia pensante. Una afligente audácia confunde mal aprendidos nornbres y mal escuchadas nociones del vívir detales o cuales centros intelectuales extranjeros. Los nuevos maestros se dedican, más que a luchar en companía de las nuevas falanges, al cultivo de lo que losteólogos llaman appetitus inordinatus propriae excellentiae.

Existe una elite, es indudable, como en todas partes, y a ella se debe la conservación de una íntima voluntad de pura belleza, de incontaminado entusiasmo. Mas en ese cuerpo de excelentes he aquí que uno predica lo arbitrario; otro, el orden; otro, la anarquía; y otro aconseja con ejemplo y doctrina, un sonriente, un amable escepticisrno. Todos valen. Mas qué hace este admirable hereje, este jansenista, carne de hoguera, que se vuelve contra un grupo de rimadores de ensueños y de inspiraciones, a propósito de un nombre de instrumentos que viene del griego?  Cuando, por el arnor del griego, se nos debía abrazar! Y ese antaño querido y rústico anfión natural y fecundo como el chorro de la fuente, como el ruiseñor, como el trigo de la tierra—, por quê me lapida, o me hace lapidar, desde su heredad, porque paso con mi sornbrero de Londres o mi corbata de Pa­ris? Y a los jóvenes, a los ansiosos, a los sedientos de cultura, de perfeccionamiento, o simplemente de novedad, o de antiguedad, por quê se les grita:  «;haced esto!», o «haced lo otro!», en vez de dejarles bañar su |alma en la luz libre, o respirar en el torbellino de su capricho? La palabra Whim teníala escrita en su cuarto de labor un fuerte hombre de pensamiento cuya sangre no era latina.                                                                  

Precepto, encasillado, costumbres, clisé..., vocablos sagrados. Anathema sit al que sea osado  a perturbar loconvenido de hoy, o lo convenido de ayer. Hay un horror de futurismo, para usar Ia expresión de este gran cerebral y más grande sentimental que tiene por nombre Gabriel Alomar , el cual será descubierto cuando asesine su tranquilo vivir, o se tire a un improbable Volga en una Riga no aspirada.

El movimiento que en buena parte de las flamantes letras españolas me tocó iniciar, a pesar de mi condición de «meteco», echada en cara de cuando en cuando por escritores poco avisados, ha hecho que El Imparcial rne haya pedido estas dilucidaciones. Alégrame el que puede serme propicia para la nobleza del pensamiento y la claridad del decir esta bella isla donde escribo, esta Isla de Oro, «isla de poetas, y aun de poetas, que, como usted, hayan templado su espíritu en lacontemplación de la gran naturaleza americana», como me dice en gentiles y hermosas palabras un escritor apasionado de Mallorca. Me refiero a D. António Maura, Presidente del Consejo de Ministros de Su Majestad Católica.

 

Páginas escogidas de Rubén Darío, Cátedra, pp. 126-129

publicado por C. às 13:57
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